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SOCIEDAD

Hipocresía: comercio e iglesia sí, boliches y aulas no

Al parecer el virus covid-19 ataca después de las 12 de la noche y a un sector en particular.

(Por Patricia Manrique) – Si bien el coronavirus alcanzó a 58,7 millones de personas y mató a cerca de 1,4 millones en todo el mundo, muchos países lograron organizarse y poder planificar una nueva normalidad. Mientras en Europa se sostienen las escuelas abiertas en su pico de contagios, en Argentina solo el 1% de los chicos asiste a clases presenciales e incluso en Salta las aulas permanecen cerradas, a pesar de los insistentes pedidos de los padres. Mientras tanto, iglesia y comercio tienen permiso para funcionar, pero la hipocresía de muchos ahora optó por atacar a los bares que ponen música, mientras las reuniones familiares y fiestas clandestinas están a la orden del día, pero los boliches están suspendidos.

En muchos espacios donde están instalados el comercio, las ferias y locales en los que se aglomeran las personas, sin distanciamiento, parece estar todo bajo control. Incluso en las iglesias se pueden reunir muchas personas y también parece estar bien. Ahora, los chicos siguen sin ir a la escuela, tal vez porque es más fácil que sigan en las casas sin hacer tareas o haciendo a las apuradas de a tres o cuatro cartillas para pasar de grado, filmando un par de videos con la familia y disfrazados, que arbitrar las medidas necesarias para que la educación, a quienes son el futuro, llegue como debe ser.

Muchos niños que intentan aprender a dividir a la distancia, con una clase de zoom cada dos semanas parecen no estar contemplados entre las prioridades de un Gobierno que parece desconocer que los correos electrónicos con tareas no son respondidos en tiempo y forma, que se pierden archivos e incluso los mismos alumnos se copian las tareas en masa para evitar consultarle a una maestra que en algunos casos demora días en responder. El mismo ministro de Educación reconoció que no todos los alumnos estaban aprendiendo. Ahora bien, las clases no volvieron y a un par de semanas de que finalicen, los padres piden a gritos a Gustavo Sáenz que haga trabajar la cartera que tienen destinada a educación y que vuelvan en el 2021 los chicos a las aulas para que puedan aprender.

Boliches tampoco

Este fin de semana se pudo ver el corredor Balcarce y el Paseo Güemes con una gran cantidad de gente e incluso, en un bar que pone sus mesas sobre avenida Belgrano, con la ayuda de un DJ supieron ponerle música a un grupo de asistentes deseosos por bailar un poco. Esto fue muy atacado por muchos, a mi entender hipócritas, ya que se permiten otras actividades que también tienen gran concurrencia de gente, sin respeto por la distancia y otras medidas de prevención, pero como se trataba de jóvenes, y la juventud está perdida, se optó por el escrache y los insultos e incluso deseos que rozan lo malvado.

Si bien los locales gastronómicos están regresando a tener actividad y con un horario hasta las 01 am, los que eran boliches debieron prácticamente cambiar de rubro, dedicándose a brindar también alimentos, algo que no era a lo que se dedicaban, pero que, para subsistir, debieron inclinarse a ese sector. Esto llevó a que los jóvenes que buscan la fiesta a pesar de la pandemia mundial, se aboquen a las redes sociales en busca de lo que ellos demandan, la fiesta. Los grandes bailes y fiestas clandestinas están a la orden del día e incluso a vista y paciencia de muchos, pero es mejor decir que no está permitido un boliche y que se clausura alguna que otra fiesta clandestina, cuando en realidad se organizan muchas más de las que se pueden llegar a detectar por parte de la Policía que incluso también se aboca a otra cuestiones de seguridad y no solo a pescar a jóvenes alcoholizados en fiestas organizadas en las afueras o lejos de las comisarías salteñas.

La hipocresía está presente en este caso latente en cada uno de los salteños que atacan el hecho de que las personas que así lo desean puedan bailar. El problema es que el Comité Operativo de Emergencia de Salta, que no debe ser ajeno a lo que ocurre, debería tratar de arbitrar los medios y protocolos necesarios para evitar estos lugares de bailes sin control alguno y volver a dar espacio tal vez a empresarios que puedan, junto a adicionales policiales, controlar de alguna manera aquellas horas bailables que se les permitan a los salteños que buscan diversión luego de la cuarentena más larga de la historia.

En otros lugares del mundo se permitieron las fiestas y los boliches al aire libre, al parecer es cuestión de organizar los espacios, las medidas y el personal que será el encargado de verificar que se cumplan las medidas dictadas, ya que el dilatar el regreso del baile en Salta hace parecer que solo fomentaría la clandestinidad y el hecho de que la sociedad siga mirando con malos ojos a aquellos bailarines desesperados por un poco de fiesta. Llegando a fin de año y con el permiso de eventos sociales sin posibilidad de baile, todo parece indicar que es insuficiente la decisión del COE. Como dicen las abuelas; que escondas la basura debajo de la alfombra, no la hace desaparecer, solamente no está a la vista y los problemas se deben resolver por completo, no a medias. La pregunta es, ¿Salta está lista para bailar?

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