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CULTURA

Sentido aniversario por la obra monumental del Padre Chifri: un ejemplo de entrega, empatía, trabajo y dedicación

La Fundación Alfarcito recordó la partida del querido Padre Chifri como se lo conoció en cada rincón de los cerros de Rosario de Lerma.

SALTA (Redacción) – Cuando nos referimos al Padre Chifri, son muchas las voces que se hacen eco de su obra en vida que es hoy una herencia compartida por los fieles y por la comunidad a la que el mismo le dedicó buena parte de su historia. En este marco, los salteños, a través de la Fundación Alfarcito, recordaron al Padre con motivo de un nuevo aniversario de su paso a la eternidad.

“Las enseñanzas de Chifri siguen firmes en los corazones de las comunidades. Él sembró una semilla que da más y mejores frutos. Gracias Chifri por tantas huellas que dejaste, gracias a Dios que mandó un “Ángel” a esta zona. La Fundación Alfarcito recuerda la partida de nuestro querido Padre Sigfrido Maximiliano Moroder, Chifri se lo conocía en los cerros de Rosario de Lerma”, reflexionaron desde la Fundación.

Un hombre que hizo de su vida una obra maestra

El Padre Chifri fue enviado a esta región salteña en el año 1999. Desde entonces su trabajo incansable fue promover a las comunidades de esa extensa y aislada zona. A partir de allí, se abocó a conocer las familias que vivían aisladas y alejadas de los centros urbanos. En ellos descubrió capacidades y potencialidades que buscó desarrollar, respetando siempre sus usos y costumbres.

Su humildad, franqueza y suprema sensibilidad  le permitió ganarse al corazón de las personas. “Llegaba con su poncho y su guitarra, cantándoles las coplas de los pueblos andinos, para enseñarles alabar a Jesús y a la Virgen María. Poco a poco, se infiltró en sus corazones donde continúa vivo su recuerdo”, recordaron con el  pecho inflado por el orgullo y el sentimiento.

“Con el tiempo su obra evangelizadora fue creciendo, llegando a lugares más alejados e inhóspitos, en los cuales se quedaba a pasar la noche, durmiendo en las precarias casas de adobe”, agregaron. Su valor y constancia fue tal que logró ser un ejemplo incluso tras un accidente. Precisamente, en el mes de octubre del año 2004 sufre un accidente, practicando parapente.

Una ráfaga de viento lo lanza y lo empuja hacia unas rocas, causándoles serias lesiones en la médula, que le impidieron caminar y debiéndose movilizar en silla de ruedas. Lejos de abatirse, su fe en Dios y su amor por los más necesitados, lo llevaron a sobreponerse y continuar con su obra evangelizadora hasta sus últimos días. Su esencia perdura hoy entre aquellos que aprendieron a su imagen y semejanza.

Haciendo historia: la marginalidad como eje de su obra

El Padre Chifri  se ordenó sacerdote el 7 de diciembre de 1991. Desde antaño, su sueño era trabajar en lugares alejados, es así que solicitó se lo enviara a Mozambique, ex colonia portuguesa, uno de los países más pobres del África. Sin embargo, las autoridades eclesiásticas consideraron que era muy joven para enviarlo a misionar. Por ello, durante sus primeros años se dedicó a llevar la palabra de Dios a las villas más carenciadas de la zona bonaerense.

A partir de allí, buscó llevar a cabo cosas importantes en favor de los más desprotegidos. Al llegar a nuestra provincia, se lo designó como ayudante de la parroquia Nuestra Señora del Rosario. Tiempo después logró tener su propio templo, la vicaria de Santa Rita. De hecho, sus hermanas Ana y Gabriela lo apoyaron en la construcción del templo. Su viaje diario en bicicleta es una postal que hoy nadie puede olvidar pero si recordar a diario. Su propósito lo llevó a  las fincas de Rosario de Lerma para dar misa, un destino que luego  le permitió llegar a los cerros.

Una herencia compartida y una misión colectiva

El padre distribuyó material de catequesis en 81 establecimientos escolares de Campo Quijano, Guachipas, Moldes y La Viña. Asimismo, construyó un comedor comunitario para 170 chicos en Rosario  de Lerma. Paralelamente, organizo y llevó a cabo la primera Fiesta y Feria de la Papa Andina en el año 2011. Su objetivo era promover más la economía de los productores de la zona. Fue así que logró que los productores pudieran vender un producto de calidad.

También organizó durante tres años consecutivos la “Expo Cerro” permitiendo a las comunidades de los cerros, mostrar sus artesanías. Como si fuera poco, el padre Chifri se comunicaba con las escuelas de los cerros, por medio de un equipo de radio. De esta manera, podría  saber las cosas que necesitaban, para enviárselas lo más pronto posible. Cabe señalar que después de su accidente, celebró la primera misa en la capilla de “El Rosal” a unos 3200 metros sobre el nivel del mar.

Chifri puso mucho esfuerzo para su construcción, luego de mucho trabajo y sacrificio se bendijo la Capilla “Santa Teresita”, la cual es un refugio para los fieles de esa zona. Complementariamente, organizó el Centro de Artesanos de Alfarcito para permitir que tuvieran un lugar donde poder vender sus artesanías, recibir talleres que los capaciten en nuevas técnicas y los asesoren en las ventas.

El mismo organizó además,  la Fundación Alfarcito bajo el lema “Nos une el Anhelo de hacer el bien”. De esta forma, juntó a los amigos que lo acompañaban en su obra. La gran mayoría eran de la ciudad de Salta, Campo Quijano y Rosario de Lerma. Esta ONG contribuyó hacer realidad sus proyectos. Tamaña obra precisa de una comunidad que continúe al pie del cañón, una tarea que los fieles aplican a diario.

“Las enseñanzas de Chifri siguen firmes en los corazones de las comunidades, Él sembró una semilla que da más y mejores frutos. Gracias Chifri por tantas huellas que dejaste, gracias a Dios que mandó un “Ángel” a esta zona”, concluyeron.

Créditos: Fundación El Alfarcito

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